miércoles, 2 de septiembre de 2015

Zona de desconfort

Nunca pensé que soltar iba a ser tan difícil. Escribir al respecto no sé si funcione, pero es lo que siento que tengo que hacer. Porque reprimir los sentimientos está mal, no? Por lo menos esa es una de las cosas que algunos solemos repetir como un credo. Como "hay que pensar menos y vivir más", "va a llegar cuando tenga que llegar", "si tiene que ser, será", y tantas otras frases que muchas veces nos salva de caer en un pozo de desesperación, vacío, depresión, o alguna combinación de esas tres cosas y quizás también alguna otra más de la familia.

"El tiempo todo lo cura", es otra. Y sí, en el fondo es cierto. Pero uno a veces espera que sea un poco más eficaz en menos tiempo, aunque no es así como funciona. "Bueno, si a esta altura las cosas son así... ya me imagino que dentro de, digamos, 2 meses, no me puedo sentir menos que perfectamente bien". Y que pasa si no es así? Y si de repente ves que la nostalgia va apareciendo en cada huequito limpio de tu cabeza, para cagártela con ideas que pensaste que no ibas a tener nunca más? Y si te empezás a acordar de todo lo bueno, y entendés que vivir algo como lo que viviste es mucho más difícil de lo que creías? "Ya estamos en septiembre, pasaron tantas cosas...", decís, sorprendido del desorden que hay en tu cabeza.  "No puede ser, otra vez... La re venía piloteando..."

"Hice las cosas bien?" parece no tener respuesta, cuando "hice lo que sentí" empieza a perder fuerza.



"Amigo, vos nunca la pudiste soltar" me dijo hace poco alguien que me conoce muy bien. Fui escéptico, me resistí a aceptarlo. Pero lo acepté finalmente. "Vos tenés razón", le dije.



Entonces te tranquilizás, extrañás, te tranquilizás, no sabés qué hacer, dudás de todo, y empezás a pensar en posibles reciclajes para la relación. Porque mientras más tiempo pasó, más te sorprendés de que no la hayas soltado, y creés entender que si es así, es porque hay un buen motivo.



Pero repito, dudás de todo.

Y mientras tanto, no sabés si estás caminando para atrás o para adelante. Esperás que el viento sople para donde mejor sepa, para evadir las consecuencias de una decisión mal tomada. Y te quedás ahí, a mitad de camino, esperando una señal, o que algo pase, en tu maldita zona de desconfort.

No hay comentarios.: